lirios amarillos
Bajo el almendro
ꕤ cajón desastre de una flor ꕤ
La neociudad, la nueva fortaleza medieval

Hace no mucho hablaba en un taller de escritura sobre lo importante que es muchas veces compartirse, compartir lo que escribes, aunque no tenga una finalidad exacta, porque gritar un poco al mundo y berrear y patalear (incluso aunque lo que escribas no sea tan violento como lo hago sonar) es importante; es importante gritar, y es importante hacerlo muchas veces al vacío, te escuchen otros o no, griten otras tantas voces o no. Yo echo de menos gritar en internet, como cuando tenía 15 años y me desahogaba en Blogger en mi diario personal, o a modo de relato o a modo de poemas y misteriosamente la gente me leía y a veces me sentía llena no porque me estuvieran leyendo, sino porque me sentía encontrada. Y eso era liberador, empoderante de alguna manera, y mi blog se me hacía más como una suerte de jardín, o bosque, o cueva o refugio donde de vez en cuando se acercaba alguna gente amable a saludar.

Que habla la nostalgia y la idealización también lo damos por sentado. El caso es que, entre las conversaciones del taller de escritura, las conversaciones con mis amigues, la emoción por la esencia dosmilera de las cosas, y tener un espacio que de verdad se siente tuyo, al final me he venido arriba y he decidido entrar aquí.

Quiero volver a escribir: sobre mí, sobre mis cosas, sobre lo que me gusta y disgusta, y quiero coger carrerilla y crear un espacio que con solo mirarlo de reojo diga: pues sí, esto es mío.

Sois bienvenides todes. Gritad, respirad, paraos a oler las flores. Con suerte, estos muros durarán lo suyo.